Las rocas ígneas se forman por el enfriamiento y la solidificación de magma, lava y material piroclástico proveniente del desde el interior de la Tierra. Las rocas ígneas se clasifican, con base con su proceso de formación, en intrusivas o plutónicas, efusivas o volcánicas y piroclásticas.
Las rocas ígneas intrusivas o plutónicas tienen su origen en zonas superiores del manto y profundas y subsuperficiales de la corteza, en temperaturas elevadas (650-1300 °C) y bajo presiones que no permiten el escape de gases, presentan cristales grandes y bien formados. Ejemplo de este tipo de rocas son los granitos, monzonitas, dioritas y peridotitas.

Las rocas ígneas efusivas o volcánicas se forman a partir del magma que fluye hacia la superficie terrestre, una lava, a través de zonas de debilidad (fisuras) o que fue expulsado desde un volcán o un domo. Estas rocas se forman en la superficie de la Tierra, en un rango de temperatura entre los 650 y 1200 °C, los gases contenidos en la lava son expulsados generando vacuolas, oquedades subredondeadas a irregulares, textura típica de este tipo de rocas. Ejemplos de este tipo de rocas son riolitas, basalto y dacita.

Las rocas ígneas piroclásticas son formadas por la consolidación de fragmentos (piroclastos: ceniza, lapilli y bombas o bloques) expulsados durante erupciones volcánicas explosivas, por ejemplo, desde una caldera. Estas rocas deben contener fragmentos volcánicos no retrabajados (transportados por agentes externos como viento o agua) en una proporción mayor de 75%. Estas rocas suelen formar depósitos de caída (dispersión aérea) y depósitos de flujo (corrientes de densidad piroclástica). Ejemplos de estas rocas son las tobas de ceniza.
