
El 2 de marzo de 2025, la misión Blue Ghost
1 logró el primer alunizaje comercial exitoso en
la historia.
A bordo de su módulo se
encontraban diez experimentos científicos y
tecnológicos cuyos datos serán indispensables para
la exploración lunar en el futuro cercano. La
misión fue desarrollada por la empresa Firefly
Aerospace en el marco del programa CLPS de la
NASA.
Los experimentos abordo de la misión Blue Ghost 1 están dedicados al estudio del suelo y subsuelo lunar. Esta de gran importancia, ya que la NASA tiene previsto el alunizaje de astronautas y el inicio de la construcción de una base lunar en el año 2028. A los ingenieros les interesa mucho aprender sobre la estabilidad de la superficie de nuestro satélite natural, sus propiedades térmicas y qué tan difícil será excavar en él.
Para ayudar a contestar estas preguntas, Blue Ghost 1 descendió en la
región llamada
-
MARE CRISIUM , una
enorme cuenca de impacto de unos 555 kilómetros de
diámetro que se formó hace aproximadamente 3,900
millones de años. El término "Mare" o “mar” es engañoso,
pues se trata de una planicie compuesta de
basalto, una roca volcánica rica en hierro que se
solidificó tras inundar esta parte de la
superficie.
Con la llegada de Blue Ghost 1,
comenzaron a surgir nuevas pistas sobre el
subsuelo lunar. Para entender la importancia de
estos resultados, conviene hablar primero del
"regolito lunar", la capa de polvo que cubre la
superficie de la Luna. A diferencia del suelo
terrestre, el regolito lunar no contiene agua ni
materia orgánica. Está formado por fragmentos de
roca triturada, principalmente, por el bombardeo
constante de micrometeoroides, que también son partículas diminutas de roca que viajan a gran velocidad y que han ido fracturando, compactando este material y modificando sus propiedades físicas. El resultado es una capa de polvo y fragmentos de roca de profundidad variable.
Antes del alunizaje de Blue Ghost 1, algunos modelos sugerían que el
subsuelo del Mare Crisium sería relativamente
fácil de perforar y que tendría una baja
conductividad térmica. Sin embargo, los datos
obtenidos por la misión nos obligan a matizar esas
ideas, pues cuando el taladro LISTER (Lunar
Instrumentation for Subsurface Thermal Exploration
with Rapidity), diseñado para perforar entre 2 y 3
metros de profundidad, se puso en operación, no
pudo perforar más allá de un metro de profundidad
debido a la presencia de material más duro de
lo esperado.
Para entender por qué el regolito pudo haberse compactado tanto a tan
poca profundidad, los científicos propusieron una
analogía interesante, comparando al polvo lunar con una capa de harina en la que se introduce la mano ejerciendo presión. Las capas de harina se compactan y ofrecen más resistencia entre más presión se aplique. Se cree que en la superficie lunar, un proceso similar ha estado ocurriendo durante miles de millones de años compactando y endureciendo las capas superficiales. Sin embargo, si el subsuelo ofrece resistencia a poca profundidad, excavar para construir o enterrar estructuras para proteger a los astronautas de la radiación y de los cambios extremos de temperatura, podría ser más complicado de lo previsto y obliga a los ingenieros a considerar tecnologías de perforación más robustas.
Por otro lado, a partir de las mediciones del flujo de calor emitido por la superficie, los sensores de LISTER sugieren que los elementos radiactivos que generan calor en el interior lunar podrían estar distribuidos de manera menos uniforme de lo que se pensaba. Los datos del magnetómetro LMS (Lunar Magnetotelluric Sounder), que permite estimar la conductividad eléctrica del interior a grandes profundidades, apuntan en la misma dirección⁴. En conjunto, estas observaciones refuerzan la idea de que el interior lunar no es uniforme, sino que presenta diferencias regionales tanto en temperatura como en composición.
Estas variaciones también ayudan a replantear el origen del antiguo vulcanismo en la región de Mare Crisium. En lugar de depender únicamente de un manto especialmente caliente, algunos investigadores proponen que las erupciones pudieron estar controladas en mayor medida por la estructura de la corteza. En zonas donde ésta era más delgada, el magma habría encontrado un camino más fácil para ascender a la superficie.
La superficie tampoco resultó tan predecible como se pensaba. Las mediciones indicaron que las temperaturas durante el mediodía lunar fueron más altas y persistentes de lo estimado, con variaciones extremas a lo largo del día. Parte de este efecto se debe a la radiación reflejada por las estructuras superficiales cercana a la zona de alunizaje, que intensifica el calentamiento del entorno inmediato del módulo.
Además, la misión transportó el retrorreflector NGLR (Next Generation Lunar Retroreflector), un dispositivo que permite medir con gran precisión la distancia entre la Tierra y la Luna mediante pulsos láser emitidos desde la Tierra⁷. Gracias a estas mediciones es posible estudiar la “libración” lunar, la oscilación del satélite que percibimos desde la Tierra debida a su órbita elíptica y la inclinación plano orbital. Este fenómeno permite observar desde la Tierra cerca del 59% de la superficie lunar y ofrece información valiosa sobre su estructura interna.
Blue Ghost 1 es la primera de varias futuras misiones de
la compañía Firefly. Los resultados obtenidos en sus 2 meses de operación en Mare Crisium muestran que incluso regiones aparentemente bien conocidas pueden comportarse de formas inesperadas. Entender estas variaciones no es solo un detalle científico, es algo clave para la planeación de futuras misiones y, eventualmente, sostener una presencia humana en la Luna.
¿QUIERES SABER MÁS?
Revisa las
siguientes ligas:
