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: Escudo térmico de la cásula Orión de la misión Artemis I después de su viaje a la Luna y regreso a la Tierra. El escudo fue removido de la cápsula para su inspección en el Centro Espacial Kennedy de Florida. Se observan los daños por las altas temperaturas, fracturas y fragmentos faltantes. En el recuadro superior derecho se muestra la nave Orión Imagen: NASA

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Detalle del recubrimiento térmico del trasbordador Endeavour en el Museo del Centro de las Ciencias en California. En el recuadro superior izquierdo, una pieza de mosaico de silicio del trasbordador Atlantis. Imagen: California Science Center museum/NASA.

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La nave Starship de SpaceX y su recubrimiento térmico compuesto de alrededor de 18 mil mosaicos hexagonales.


Cada vez que una nave espacial regresa a la Tierra se enfrenta a uno de los momentos más críticos de su misión: el reingreso a la atmósfera. A velocidades de miles de kilómetros por hora, el rozamiento con las moléculas de la atmósfera genera temperaturas extremas, capaces de fundir y vaporizar metales. Para sobrevivir a este entorno hostil, las naves dependen de un elemento clave: el escudo térmico que funciona como un blindaje que absorbe, refleja o disipa el calor antes de que éste alcance el interior de la nave. Su diseño y materiales dependen del tipo de misión, de la velocidad y ángulo de ingreso y de si la nave está pensada para ser reutilizada o no.

Las naves del programa Apollo estaban recubiertas de una resina epoxica, pero los trasbordadores espaciales con forma de avión que reemplazaron a estas naves contaban con un revestimiento de mosaicos de silicio. Este recubrimiento se puso a prueba al ser fracturado en una de las alas del trasbordador Coulumbia durante su despegue, lo que provocó la destrucción de la nave a su regreso en 2003.

Este sistema estaba formado por miles de losetas cerámicas, muchas con forma hexagonal. Las losetas estaban fabricadas principalmente de dióxido de silicio (SiO₂), el mismo compuesto químico que forma la arena y el vidrio. Sin embargo, a diferencia del vidrio compacto, el SiO₂ de estas losetas tenía una estructura altamente porosa, con más del 90 % de su volumen ocupado por aire, esta porosidad es clave ya que el aire atrapado en sus poros actúa como un excelente aislante térmico, haciendo que el calor avance muy lentamente. De este modo, aunque la superficie externa podía alcanzar temperaturas superiores a los 1200 °C, el interior de la nave permanecía protegido, siempre y cuando el recubrimiento estuviera intacto.

En las nuevas cápsulas como la cápsula Orión del Programa Artemis se implementa un enfoque diferente: los escudos térmicos ablativos. El término “ablativo” se refiere a materiales diseñados para consumirse de manera controlada. Durante la reentrada, el escudo se quema, se fragmenta y se desprende capa por capa, llevándose consigo gran parte del calor generado. Estos escudos están hechos de combinaciones de varios materiales que trabajan en conjunto. Suelen incluir fibras de carbono, similares a las usadas en equipos deportivos de alto rendimiento, embebidas en resinas especiales. Al quemarse, estas resinas absorben energía y protegen la estructura interna. Hay algunos cuestionamientos a este escudo ya que durante la misión de prueba Artemis I tuvo una erosión excesiva que produjo fracturas, fragmentaciones y desprendimiento de pedazos considerables y daños a la estructura de la cápsula que además llevaron a la acumulación de gases tóxicos en su interior, poniendo en duda su uso para la próxima misión tripulada Artemis II.

SpaceX ha retomado el concepto del mosaico cerámico en vehículos como Starship, montado sobre el sistema Super Heavy, pero con materiales más avanzados. Sus losetas están hechas de cerámicas modernas basadas en óxidos metálicos, diseñadas para combinar baja conductividad térmica con mayor resistencia mecánica. Estas cerámicas buscan resolver uno de los principales problemas del pasado: la fragilidad. Desde el punto de vista de los materiales, se busca optimizar su composición química y la microestructura para mejorar la resistencia a impactos, vibraciones y ciclos térmicos extremos.

No todos los objetos espaciales enfrentan una reentrada atmosférica. Muchos satélites utilizan sistemas de protección térmica distintos, conocidos como mantas multicapa o MLI. Estas mantas están formadas por varias capas muy delgadas como la poliimida que es un polímero de alto rendimiento conocido por su excepcional resistencia a altas temperaturas, incluso superiores a 260°C y hasta más de 400°C, es un excelente aislamiento eléctrico y térmico, bajo coeficiente de fricción y resistencia química, estas son recubiertas con metales reflectantes como el aluminio. Su función principal no es soportar temperaturas extremas, sino controlar la radiación térmica, reflejando el calor del Sol y reduciendo la pérdida de energía hacia el espacio. Por ello, se utilizan en misiones orbitales que no regresan a la Tierra donde la fricción extrema no es un problema. Actualmente, el desarrollo de nuevos escudos térmicos es un campo activo de investigación. Se continua explorando cerámicas ultrarresistentes, compuestos con microestructuras controladas y materiales capaces de adaptarse a gradientes térmicos extremos. Estos avances son fundamentales para misiones futuras, como viajes tripulados a Marte y el diseño de naves completamente reutilizables. En conclusión, los escudos térmicos son sistemas donde cada reacción, cada poro y cada capa cumplen una función crítica para que una nave sobreviva al paso por uno de los entornos más extremos que existen.