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La química del
sistema solar

por Dulce Vázquez Carmona & Alberto Flandes

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: Composición química solar o también composición de la nebulosa solar primordial (o nube de la que se formó el sistema solar). El eje vertical indica el porcentaje de cada elemento y el eje horizontal el elemento según su número atómico o número de protones de acuerdo a la Tabla periódica. El elemento también se indica con su símbolo en la gráfica La gráfica fue tomada de Asplund et al., 2005.

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Composición química de las atmósfera de los planetas y otros cuerpos del sistem solar. Imagen:WWW/COMPOUNDCHEM.COM

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Cuerpos planetarios en los que hay evidencia de que existen océanos de agua líquida aparte de la Tierra. La mayoría son lunas de los planetas Júpiter, Saturno y Neptuno. Los dos restantes son los planetas enanos Ceres y Plutón.A diferencia del océano de la Tierra, los océanos de los demás cuerpos están bajo cortezas de hielo de varios kilómetros de grosor. Imágen: NASA


La química actual del Sistema Solar es el resultado de procesos que comenzaron mucho antes de la formación del Sol. Muchos de los elementos químicos que hoy componen planetas, lunas, cometas y asteroides se originaron en generaciones anteriores de estrellas y fueron dispersados por explosiones de supernovas que enriquecieron el medio interestelar con átomos tanto ligeros como pesados. A partir de este material se formó el Sol y, a su alrededor, un disco de gas y polvo donde la química quedó fuertemente condicionada por la distancia a la estrella central.

El Sol, que concentra más del 99% de la masa del Sistema Solar, está compuesto principalmente por hidrógeno y helio. Desde la superficie del Sol fluye parte de su materia como un viento solar o flujo constante de partículas cargadas, principalmentes protones, que interactúa con planetas y partículas de polvo, influyendo en su composición química a lo largo del tiempo. El hidrógeno, por ejemplo, es el elemento más ligero y el mismo que forma parte del agua que bebemos, mientras que el helio es el gas que se utiliza en globos y en aplicaciones criogénicas. En menor proporción, el Sol contiene elementos como carbono, oxígeno, nitrógeno, silicio y hierro. Estos elementos son familiares en la Tierra: el carbono es la base de todas las moléculas orgánicas, el oxígeno permite la respiración y forma parte del agua, el silicio constituye la arena y los vidrios, y el hierro es el metal principal de herramientas y estructuras.

Durante la formación del Sistema Solar, la temperatura del disco protoplanetario disminuía conforme aumentaba la distancia al Sol. Este gradiente térmico determinó qué materiales podían condensarse. En las regiones internas, donde las temperaturas eran elevadas, sólo sobrevivieron materiales refractarios, como metales y silicatos, similares a los que forman las rocas terrestres. Por ello, los planetas cercanos al Sol están compuestos principalmente de materiales sólidos comparables a los que encontramos en la corteza terrestre. En las regiones más alejadas, donde las temperaturas eran mucho más bajas, fue posible la condensación de compuestos volátiles. Allí se formaron cuerpos ricos en hielos, como cometas y lunas heladas. Estos hielos incluyen agua, el mismo compuesto esencial para la vida en la Tierra, así como dióxido de carbono, conocido en la vida cotidiana por su papel en las bebidas gaseosas y en el efecto invernadero. Adicionalmente, metano, que en la Tierra es el principal componente del gas natural, y amoníaco, utilizado comúnmente en productos de limpieza y fertilizantes. Mezclados con estos hielos se encuentran silicatos y compuestos orgánicos ricos en carbono, responsables de una química mucho más diversa.

El agua ocupa un lugar importante en la química del Sistema Solar. En la Tierra puede mantenerse líquida en su superficie como vemos en los océanos y otros cuerpos de agua o como vapor en la atmósfera y en forma de hielo en los polos. Además, en la Tierra y otros planetas y cuerpos rocosos, una fracción importante del agua puede estar “secuestrada” en la roca, formando parte de minerales hidratados, incluso en cuerpos que no presentan océanos visibles. Algunas lunas de los planetas Júpiter y Saturno, como Europa y Encélado, albergan océanos líquidos bajo gruesas cortezas de hielo que evitan que se evaporen o sublimen hacia el espacio, lo que demuestra que el agua puede mantenerse líquida lejos del Sol fuera de la llamada “Zona habitable” gracias al calor interno generado por otras fuentes de energía como el calor generado por las llamadas fuerzas de marea que se producen por la deformación contínua de cuerpos, por ejemplo, debido a la atracción de un planeta central y de lunas vecinas.

El análisis de los isótopos del agua, especialmente la relación entre deuterio e hidrógeno, permite rastrear su origen. Estas variaciones isotópicas actúan como huellas químicas que permiten comparar el agua terrestre con la puede encontrarse actualmente en cometas, asteroides y lunas, aportando información clave sobre cómo llegó el agua a nuestro planeta.

La química del Sistema Solar también fue influida por procesos externos. La radiación y los flujos energéticos asociados, por ejemplo, a eventos como supernovas favorecieron reacciones químicas en hielos simples, transformando moléculas relativamente simples en compuestos orgánicos más complejos. Estas moléculas quedaron preservadas en cuerpos pequeños como los cometas, que hoy pueden verse como reservorios químicos que conservan información de las primeras etapas del Sistema Solar.

Cuando se compara el Sistema Solar con otros sistemas planetarios observados alrededor de estrellas lejanas, podemos ver patrones similares, como la separación entre regiones calientes y frías, pero también diferencias importantes en la abundancia de agua y compuestos de carbono. Estas comparaciones ayudan a entender la diversidad de sistemas planetarios y el lugar que ocupa el nuestro.
El estudio de la química del Sistema Solar no sólo permite reconstruir su origen y evolución, sino que también tiene implicaciones prácticas si pensamos en las futuras misiones tripuladas a la Luna y otros cuerpos. Conocer la composición de asteroides, lunas y cometas permite identificar recursos potenciales, como agua y metales, que podrían ser utilizados en estas misiones futuras. Del agua, por ejemplo, puede obtenerse hidrógeno y oxígeno que pueden ser usados como combustible, lo que reduciría los costos de exploración espacial. Además, comprender la distribución de elementos y compuestos ayuda a planear la exploración y explotación responsable de recursos fuera de la Tierra, así como a evaluar riesgos ambientales y tecnológicos. En un sentido más amplio, estos estudios aportan información esencial sobre cómo se distribuyen los ingredientes fundamentales de la vida en el universo y bajo qué condiciones podrían surgir en otros mundos.