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Técnicas de análisis
de muestras espaciales

por Alberto Flandes & Dulce Vázquez Carmona

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: Momento en el que brazo TAGSAM de OSIRIS-REx toma una muestra del asteroide Bennu en 2020. La nave OSIRIS-REx entró en órbita alrededor del asteroide Bennu en 2018 por dos años. Después de tomar la muestra se alejó del asteroide para poder traer la muestra a la Tierra en 2023. Imágenes: NASA/Goddard/University of Arizona, Public Domain

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Fotografías de algunos granos de polvo microscópicos tomadas de la superficie del asteroide 25143 Itokawa por la nave Hayabusa. Algunos granos podrían ser fragmentos de meteoritos que impactaron la superficie del asteroide. Imagen:PNAS (tomada de space.com).

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Un bloque de aerogel de los colectores de polvo de la nave Stardust. En el bloque se observan las partículas de polvo cometario que impactaron y quedaron atrapadas. El aerogel es un material muy poroso y ligero a base de silicio que no altera la composición del polvo. Imagen: National Air and Space Museum.


Es posible tener una idea general de la composición de los cuerpos planetarios (por ejemplo, planetas, lunas, asteroides y cometas) a partir de la luz que emiten, absorben y/o relejan. Sin embargo, para conocer la composición real de uno de estos cuerpos lo mejor es tomar muestras de ellos para luego analizarlas.
Hasta ahora, las únicas muestras que han podido ser tomadas directamente de un cuerpo celeste por humanos son rocas y polvo de la superficie lunar que los astronautas de las naves Apollo de la NASA trajeron a la Tierra entre 1969 y 1973. El resto de las muestras que han podido ser traídas a la Tierra ha sido a través de naves robóticas. Por ejemplo, las naves soviéticas Luna 16, 20 y 24 lograron traer a la Tierra varios kilos de material lunar entre 1970 y 1976 y, mucho más recientemente en 2020 y 2024, las naves robóticas chinas Chang´e 5 y 6 lograron traer muestras también de la superficie lunar. De cuerpos más lejanos sólo se ha podido traer un poco de polvo. La primera nave que logró traer muestras fue Stardust (NASA), que llevaba un colector en su parte exterior y trajo a la Tierra granos de polvo de la cola del cometa Wild2 en 2006. En 2010 y 2019, las naves Japonesas Hayabusa y Hayabusa 2 trajeron a la Tierra muestras que pudieron tomar de las superficies de los asteroides Itokawa y Ryugu. La cuarta nave que ha podido traer muestras con éxito a la Tierra es OsirisRex en 2023 del asteroide Bennu.
El análisis de estas muestras se hace en laboratorios especializados aplicando diversas técnicas. Una de ellas es la espectrometría de masas, una técnica que identifica los elementos presentes midiendo las masas de sus átomos con gran precisión. Para ello, los átomos o fragmentos moleculares se ionizan es decir, se remueven electrones de la muestra para obtener una carga eléctrica neta y luego se separan los diferente componentes con campos magnéticos según la proporción entre su masa y su carga en un analizador. Esto permite detectar incluso cantidades minúsculas de compuestos orgánicos, minerales o trazas de agua atrapada en los granos. En el caso de las muestras traídas por misiones Hayabusa, la espectrometría de masas permitió descubrir minerales formados por la interacción con agua, así como moléculas orgánicas antiguas, preservadas desde etapas tempranas del sistema solar.
Otra técnica usada es la observación física los granos con microscopios electrónicos de barrido, que aplican un haz de electrones a la superficie de la muestra en vez de luz como en los microscopios tradicionales. Con esta técnica se obtiene una imagen de la superficie de la muestra donde puede verse con gran detalle la formas, tamaños y texturas de los componentes de la muestra, de donde se puede distinguir los procesos que el material ha sufrido o qué tanto ha sido alterada. Cuando se quiere estudiar, no sólo la superficie, sino las distintas capas internas de la muestra con mayor detalle, se emplea la microscopía electrónica de transmisión, donde los electrones atraviesan láminas ultrafinas de material, revelando estructuras cristalinas y minerales extremadamente pequeños.
Para identificar qué minerales están presentes en la muestra y cómo están organizados, se usa la “difracción de rayos X”, que consiste en irradiar la muestra con rayos X y observar cómo se dispersan al chocar con los cristales de los componentes. Cada mineral produce un patrón característico, por lo que esta técnica funciona como una “huella digital” de la estructura cristalina, permitiendo saber si el grano ha sufrido calentamiento, choque o exposición al agua.
Otro conjunto de herramientas clave son la "espectroscopía vibracional", principalmente "espectroscopía Raman" y " la espectroscopía infrarroja". Estas técnicas iluminan el material con luz infrarroja y miden cómo vibran sus enlaces químicos. Así, permiten identificar grupos funcionales orgánicos, silicatos, carbonatos y compuestos volátiles sin destruir la muestra. Son especialmente útiles para detectar materia orgánica frágil, que podría degradarse bajo otras técnicas más invasivas.
Mientras estas técnicas se aplican en laboratorio, en la Tierra, otras se hacen directamente en el espacio por la dificultad que implica tomar las muestras directamente. Las naves se han especializado cada vez más y, la mayoría, son en gran medida laboratorios que portan un cierto número de instrumentos dedicados a análisis específicos; ya sea de la radiación, los gases o el polvo dependiendo del cuerpo que se quiere estudiar. Cada una de estas técnicas, ya sea basada en la masa, electrones, rayos X o luz proporciona una pieza distinta de un complejo rompecabezas. Por ejemplo, la espectrometría revela composición química e isotópica; la microscopía muestra la estructura física; la difracción identifica minerales; y la espectroscopía detecta enlaces y compuestos orgánicos. Juntas permiten reconstruir los procesos que han sufrido los cuerpos planetarios a través del tiempo.